* Apariencia: Los diamantes sin cortar a menudo se parecen a piedras o guijarros aburridos y de aspecto grasiento. Carecen del brillo y el brillo de los diamantes cortados y pulidos.
* forma: Pueden tener una variedad de formas, a menudo irregulares o distorsionadas. Las formas comunes incluyen octaedros (ocho lados), cubos, dodecaedros (doce lados) o formas más complejas y desiguales.
* superficie: La superficie de un diamante rugoso suele ser opaca, áspera y se puede recubrir con una capa de un material llamado "piel". Esta piel puede variar en color (por ejemplo, marrón, verde, gris) dependiendo del entorno donde se formó el diamante.
* Color: Los diamantes ásperos pueden venir en una variedad de colores, desde colores incoloros hasta amarillos, marrones, grises e incluso más raros como el azul, el rosa o el verde. El color no puede distribuirse uniformemente en toda la piedra.
* Claridad: Las inclusiones (defectos internos) y las imperfecciones (imperfecciones de la superficie) son comunes en diamantes rugosos. La presencia, el tamaño y la ubicación de estas imperfecciones afectarán el grado de claridad del diamante después del corte.
* Luster: A diferencia del brillo brillante y reflectante de un diamante pulido, los diamantes rugosos generalmente tienen un brillo opaco o grasiento. Pueden exhibir un ligero brillo adamantino (como diamante) en superficies recién rotas.
En resumen, piense en diamantes sin cortar como piedras crudas y sin refinar que requieren un corte y pulido expertos para revelar su brillantez y belleza ocultos.