El primer bálsamo labial disponible comercialmente, ChapStick, originalmente no tenía sabor. Fue inventado en la década de 1880 por Charles Browne Fleet, un farmacéutico de Lynchburg, Virginia. No fue hasta más tarde, cuando el producto fue producido en masa y comercializado por otras empresas, que se introdujeron los sabores. Entonces, en esencia, el "primer" sabor del bálsamo labial probablemente era el sabor de los ingredientes base originales, que habrían sido un sabor ceroso a base de petróleo.